Paga ahora, consume después

La cultura del ahora

Los servicios online, la compra y venta de productos por internet, no sólo llegaron para fortalecerse en pandemia, sino que se ha transformado hoy en día en un incesante mercado, en donde el tiempo es parte de lo que se ofrece com experiencia del consumo de un producto.

Frases como: Entrega a domicilio en menos de 24hrs. o Elígenos y recibirás un descuento para la entrega de tu producto.

No nos gusta esperar, porque fuimos criados para no esperar, para no tener paciencia.

Veamos qué ocurre en el siguiente ejemplo. Imagínate que eres un padre o madre de un pequeño que luego de haber dormido la siesta de la tarde, se despierta y llora, no puedes calmarlo. Te alarmas porque no sabes muy bien qué hacer. Los padres tienen un sexto sentido, pero no olvidemos que tampoco leemos la mente de los infantes. Nos inquieta ese comportamiento, no soportamos el llanto y deseamos calmarlo lo antes posible. Tomamos al bebé, lo mecemos, le intentamos dar comida, vemos el pañal, etc. Tú te imaginarás que intentamos hacer todo lo posible para poder detener el llanto, porque (y de nuevo) asumimos que es algo malo y que es necesario neutralizar dicha actitud.

Vemos que finalmente nuestro hijo quería su juguete favorito y no lo había encontrado junto a él en su cuna.

Ya a esta altura, le enseñamos dos ideas claves a nuestro hijo: (1) Llorar es algo que a los padres los tensa y que no es bueno mantener, (2) si lloro, debería recibir lo que necesito de forma instantánea.

Si leemos de la psicología infantil desarrollada hoy en día, sabemos (o en realidad interpretamos) que el bebé a muy temprana edad termina aprendiendo que es posible tener todo lo que quieran si hacen ciertas acciones, ya sea llorar, pegar, etc. Aprendemos a ser muy manipuladores, y no me malinterpreten, es una conducta normal y es necesaria para poder armar una imagen interna de nosotros más fuerte, porque sabemos que podemos «controlar» el ambiente para que tengamos todo lo que necesitemos.

Sentimos que podemos tener todo cuando lo deseemos, y que si no lo tenemos, comenzamos a ponernos ansiosos o a hacer berrinches.

Esto ha sido así, hasta que gran parte del marketing, el mercado y el internet empezara a darnos lo que realmente queremos en el momento que deseamos. Nos entregan en bandeja una carga de dopamina, sentimos que ahora puedo comprar algo que me llegará en horas o días.

El problema de querer todo ahora

El deseo de tener esa gratificación inmediata nos lleva a generar ansiedad por las cosas que todavía no pasan, a estar disconformes con cómo nuestras vidas están llendo ahora deseando siempre un futuro mejor y que queremos ahora. Todo esto comprende el problema de que nos cuesta poder retrasar nuestra propia felicidad.

Es como cuando compramos un producto por internet, pagamos incluso para que nos lo traigan antes, porque hemos sido enseñados de que esperar no es bueno y que nos pone demasiado ansioso.

Este es un problema más grande si comprendemos que esperar y retrasar las gratificaciones son muchas veces la mejor opción que tenemos. Debido a que deseamos todo ahora, y no pensar en nuestro «yo» del futuro, impedimos que nos ocurran cosas más adelante que nos benefician.

Un buen ejemplo, es la cultura del ahorro o de las inversiones. Ahora, decir «cultura» croe que es mucho decir, porque en mi opinión no tenemos mucha educación financiera en Chile, y tampoco tenemos la costumbre de ahorrar o invertir (en cosas fuera de las opciones comunes como AFPs).

En términos matemáticos, ahorrar e inyectar dinero en inversiones nos traerá si o si una mayor ganancia mientras antes partamos. Pero no queremos, no deseamos desapegarnos de nuestro dinero por un futuro, y por el contrario, usamos ese dinero para utilizarlo en el presente, desaprovechando el impacto positivo que podría tener en el futuro.

No siempre lo que es lógico (como invertir), es sentido común. Y creo que «esperar», tampoco está en el sentido común.

Volvamos a las compras…

Pagar

Cuando pagamos después, generamos deudas, lo que (según muestran estudios) golpean fuertemente nuestra felicidad. (Kay, Batz, Parrigon & Kuykendall, 2017) Estamos muy acostumbrados a esta clase de conducta de compras. Pagar después nos da esta sensación de olvido, y de que pagar (algo que contamos como algo negativo) no existe, y nos engañamos de que no hay nada de lo que preocuparse.

Ahora, pagar en el momento en el cual tu recibes la experiencia/material, es igualmente malo! Piénsalo así. Cuando pagas y recibes en el momento, tu cerebro asociará el hecho del disfrute (tener lo que deseas, ya sea una experiencia, un bien material, etc.), con el pago en sí (que conlleva ansiedad). Aprendes que lo que compras y el dolor a pagar están vinculados.

¿Solución?

Intenta evitar todas estas complicaciones intentando pagar antes!

Lo más increíble de todo esto, es que si pagas antes, sientes que incluso la compra en si, o la experiencia que adquieres posteriormente es casi gratis.

Separa el pago del consumo nos puede ayudar a poder disfrutar aún más de lo que compramos, y no asociamos sentimientos.

Por supuesto, se entiende de que no siempre pagas algo antes, pero quiero que se entienda que pagar con débito en el momento no terminaría haciéndonos mucho favor en términos de felicidad.

Y por el otro lado, debemos tener un control de las compras con tarjetas de crédito, porque si bien, separamos el bien material del pago, existe el riesgo de presentar deudas, creer que pagamos con dinero que en realidad no tenemos y nos generará esta sensación del olvido.

Lo que si puedes intentar, es hacer un pago para «largo plazo». O sea, poder pagar algo ahora (por ejemplo con débito), para poder recibir lo que queramos en el futuro, ayudándonos a crear esta sensación de que es «gratuito», además de crear estas expectativas que nos genera poder fantasear de cómo viviremos la experiencia o cómo utilizaremos el bien material.

Si compras con tiempo, puedes notar que el peso ya no está al momento de experimentar tu compra.

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